Skoda Yeti 4×4
Skoda, la marca checa del Grupo Volkswagen, había realizado tímidas incursiones en el segmento de los vehículos todocamino. Tomando como base modelos de su gama, los dotaba de tracción total y ciertos aditamentos de inspiración off road para ofrecer versiones como el Scout. Pero hasta ahora no se había atrevido con un coche de verdadero espíritu campero. Y para bautizarlo ha utilizado otro nombre muy evocador: Yeti.
Para el abominable hombre de la nieves no había terreno hostil ni obstáculo infranqueable, lo mismo que pretende Skoda con su primer SUV genuino. No es un todoterreno en el sentido más estricto del término, ni falta que le hace. El Yeti puede satisfacer las exigencias de muchos usuarios que precisan de un coche de tracción total pero no quieren correr el Dakar o atravesar el Amazonas. Cómodo y práctico, y lo suficientemente capaz para desenvolverse por caminos sin excesivas dificultades o asfalto deslizante a causa de la lluvia, la nieve o el hielo. Es decir, válido para una gran mayoría.
Lo primero que llama la atención del Yeti es la estética de su carrocería. Tiene un tamaño compacto (4,22 metros y cinco puertas) pero lo más peculiar son sus forma rectilíneas, que le otorgan originalidad y personalidad propia. Mantiene los rasgos propios de Skoda en muchos detalles, pero también resulta mucho más agraciado que algunos de sus hermanos de gama, con un diseño desenfadado y que se sale de lo corriente entre sus rivales de segmento. Además, esa apuesta por las líneas rectas repercute muy positivamente en que su interior resulte bastante aprovechable.
Una vez cruzado el umbral de las puertas de acceso al habitáculo tampoco queda duda de que nos encontramos en un Skoda. Se aprecia con claridad en el ambiente general del interior, con unos acabados de calidad pero sin ningún tipo de floritura. Es decir, se apuesta por cierta sobriedad que no está reñida con unos acabados magníficos y un equipamiento completo, aunque lejos de los alardes de botoncitos o remates propios de otras marcas. La dotación de serie tiene todo lo que cabe esperar de un coche de sus características, tanto en materia de confort como de seguridad. No es de los todocaminos más baratos del mercado, pero al menos el sobreprecio respecto a ciertos rivales se ve justificado en este sentido.
La habitabilidad del Yeti satisface las expectativas. No es un coche enorme y por tanto no hay que esperar milagros, pero con su tamaño compacto ofrece espacio suficiente para cinco ocupantes. Lo tiene por sus cotas interiores pero también contribuyen las ya mencionadas formas rectilíneas de la carrocería, que evitan así ángulos que puedan llegar a molestar a los pasajeros. Todos ellos disfrutan de una posición elevada sobre la carretera y una altura libre hasta el techo que evita cualquier tipo de agobio. Lo único cuestionable en este sentido es la posición del volante, que queda un pelín vertical respecto al conductor y resulta complicado llegar a encontrar una postura cómoda para conducir. Aunque es posible que con el paso de los kilómetros terminemos habituándonos a tal particularidad…
Otra de las grandes cualidades del Yeti es su generoso maletero. Con todas las plazas ocupadas, su capacidad es de 405 litros, lo que le sitúa entre los mejores de su segmento. Pero es que, como ya es habitual en cualquier vehículo de esta configuración, los asientos pueden abatirse hasta llegar a nada menos que 1.760 litros, una cifra propia de un comercial. Con esta solución dispondremos de una amplia superficie para transportar todo tipo de bultos, o lo que es más importante en un coche de su vocación, objetos para nuestro tiempo de ocio, como bicicletas o tablas y bastones de esquí. El complemento ideal para esta virtuosa polivalencia son, una vez más, las formas rectas de su carrocería que facilitan la colocación de todo aquello que deseemos transportar. Sólo los pasos de las ruedas traseras condicionan en cierta medida sus enormes posibilidades.
El equipamiento de serie se puede completar con algunas opciones interesantes, que nos harán la vida a bordo más agradable y cómoda. Los más sibaritas pueden elegir tapicerías de cuero, mientras que un extra más que aconsejable es el gran techo acristalado panorámico: da luminosidad al habitáculo e incluso una sensación de mayor espacio, pudiéndose cubrir de forma automática con una cortinilla en las épocas del año más calurosas. Otra opción atractiva en el listado de Skoda es una pantalla multifunción situada en el centro del salpicadero, desde la que se pueden controlar dispositivos como el navegador, el equipo de audio o la climatización.
Skoda vende el Yeti en versiones con tracción delantera o tracción total. Las posibilidades camperas del coche comienzan por su configuración, con una carrocería elevada que deja 18 centímetros de altura libre al suelo, que sumados a las protecciones de los bajos permiten afrontar pequeños desafíos fuera del asfalto. Si además elegimos la opción 4×4 (basada en un embrague Haldex capaz de traspasar hasta un 85 por ciento de par a una determinada rueda en condiciones de baja adherencia) obtendremos un conjunto de cierta solvencia como todocamino. Insistimos en que no es un coche diseñado para meterse en demasiados líos en campo, pero sí que está capacitado para satisfacer las exigencias de la mayor parte de los usuarios de este tipo de vehículos: adentrarse en una pista, ir a la nieve sin la dependencia de cadenas o sentirse más seguro en firmes resbaladizos. Para mayores retos, ya hay otros modelos en el mercado…
La polivalencia del Yeti se refuerza con su magnífico comportamiento en carretera. Para empezar, exhibe toda la solvencia del motor TDI de 140 CV que montaba nuestra versión de serie. Un propulsor de prestaciones más que suficientes para un coche familiar y con unos consumos ajustados, incluso tratándose de una carrocería de eficacia aerodinámica muy mejorable. En ciudad no es tan grande como para resultar un incordio, mientras que en carretera puede circular a promedios muy por encima de lo que marca la legislación, así que pocos serán los que echen de menos un mayor rendimiento de su propulsor. Y como guinda encontramos un sorprendente comportamiento dinámico. En un automóvil de su altura es habitual que aparezcan balanceos de la carrocería, pero en el Yeti no es así, se sujeta con bastante firmeza al asfalto y disfruta de unos reglajes de suspensiones equilibrados. Tampoco la frenada desentona, así que podemos concluir que el balance general en carretera es más que satisfactorio.



Sumario Mundo 4x4 n. 83