Barro y arena (Valladolid)
Nunca una ruta había sido tan literal como está haciendo honor al título que fue como una predicción de lo sucedería durante su celebración celebrado el pasado mes de Enero por tierras pucelanas.
Por Andrés Sánchez (Organización Club Agreste 4×4)
Tras las abundantes lluvias que durante los meses de diciembre y enero que estuvieron regando de manera insistente nuestros campos había cierto temor por si cuando fuésemos a retomar la actividad tras las vacaciones de Navidad “ se cerrase el grifo”. Finalmente no fue así ya que, incluso las noches anteriores a los varios días que celebramos el recorrido, la lluvia se encargó dejar las pistas “al dente”.
Gran algarabía entre los participantes y dientes muy largos ante la primera ruta de la temporada donde el chocolate no habría que buscarlo sino que nada más pisar pista disponíamos de varias tazas completas.
Primera pista llena de bañeras y roderas antes de entrar en zona de pinares también inundados donde la gran cantidad de giros y casillas hizo que todos estuviésemos muy pendientes del rutómetro. El agradable aroma de los pinos empapados junto a los charcos de las pistas nos hizo olvidar las polvaredas sufridas en rutas anteriores.
Enseguida la primera zona jugosa del día: una pendiente de abundante arena que al coronar contenía una trampa de arena donde el Gran Cherokee de Eduardo quedó abducido. Hubo que recurrir al winch de Juanma del Toyota 105 y a la pala para retirar de la panza del coche la prisión que le retenía. Tras celebrar todos la necesidad del uso del material de desatasco enseguida venía una subida de arcilla rojo intenso más propias de tierras castellano-manchegas que alguno de los días costó bastante coronar debido a una fuerte e insistente lluvia que coincidió justo en ese momento.
Tras el imprescindible volanteo a golpe de pedal y un poco de pericia de todos conseguimos trepar al final de la subida para continuar esta vez por bastos arenales que aunque algo apelmazados por la lluvia nos encargamos de remover con el paso de los participantes para hacerlos más divertidos. La cola del pelotón fueron los que más disfrutaron de estas zonas por lo que hábilmente se iban turnando unos y otros.
Especialmente celebrado fue un tramo de dos kilómetros con una línea de torres de tendido eléctrico que nos obligaba a zigzagear por la pista esquivándolas y removiendo al mismo tiempo (¿podemos repetir? pedían algunos).
Jolgorio y risas tras el divertido tramo por la emisora y enseguida tocaba hilar fino y trazar suave por una embarrada pista que paralela el barranco con 200 mts de caída formado por el cauce del río Eresma y con la trazada a escasos 10 cms del borde hacía que todos contuviésemos la respiración hasta que una curva nos alejaba definitivamente del abismo.
Enseguida y sin descanso el tramo estrella, la zona “VIP” de la ruta: una subida radical de 25 metros pero muy intensa e inicialmente solo superable en subida por vehículos con bloqueo o elevada potencia porque la cresta se las traía. Al final casi todos los intrépidos que lo intentaron tuvieron su recompensa con los aplausos y vítores de los compañeros que, cámara en mano, esperaban en la parte superior el desenlace del envite. Fue Julio con el Montero el que nos dejó a todos con el corazón en un puño al quedar su vehículo a escasos 20 cms de la crespa pero algo cruzado. Acto seguido todos los participantes sin excepción realizaron el mismo tramo pero de bajada que ya con un gran socavón producido por el escave de las ruedas traseras de alguno de ellos hizo que la bajada fuese bastante técnica y complicada ya que, además, al final del tramo había un giro y subida a la pista por donde continuaba la ruta debiendo todos “trepar” a base aleteo del volante y toques suaves de acelerador debido al “superbarro” existente.
Roderas, charcos y varios tramos por los pinares de la zona, algunos también con bastante arena, nos hicieron llegar hasta la comida en uno de ellos para disfrutar de un rato de merecido relax.
La primera mitad de la ruta combinaba importantes pista de arenales inmensos otras zonas repletas de bañeras y algo de barro pero…..como habitualmente suele pasar, tras la comida, las rutas del Club son bastante movidas a fin de evitar la típica modorra que nos invade a todos tras la comida: dicho y hecho. Una pista repleta de bañeras, roderas y resbaladiza hierba debido a la falta de paso por la misma con llevaba a intentar por todos los medios que el coche no se cruzara algo que resultó harto difícil para muchos (por ejemplo Ramón consiguió en un salto dejar momentáneamente el Jimny a dos ruedas). Diez kilómetros de adrenalina y charcos hasta llegar a un cruce bajo la vía del AVE.
Desde la comida la constante de la ruta sería esa: roderas, charcos, bañeras y mucho, mucho barro entre las zonas de labor aledañas a los campos del producto estrella de la zona en la que nos encontrábamos: la remolacha.
Verdaderas pistas de patinaje, pistas con zanjas inmensas producidas por los tractores nos tuvieron muy, muy entretenidos hasta llegar a otra de las zonas complicadas: había que zigzagear entre unos campos de cultivo siempre al borde de una caída no muy pronunciada pero a la que los coches no dejaban de tener querencia. Uno tras otro, animados en el último tramo por los que ya habían subido, fueron llegando uno a uno no sin esfuerzo los componentes de la expedición a lo que parecía ser una zona segura que finalmente se convirtió en una trampa de barro y piedras que, más adelante, hacía que los coches de hundieran hasta restregar la panza uno tras otro avanzando difícilmente entre las roderas más profundas y blandas que muchos participantes habían visto nunca. Al final Javi con el Montero DID, que venía desde Palencia, hubo de poner su rueda de repuesto más otra prestada por la Organización con la colaboración de varios participantes de la ruta ya que en el envite había roto las dos llantas traseras en un golpeo interior de unas pequeñas piedras de pedernal existentes para drenaje de la pista. Increíble pero cierto. El Land Cruiser de la organización tras escoltar y acompañar al participante al pueblo cercano para la recogida del coche por la grúa continuó con el recorrido hasta coger nuevamente a grupo en una bajado de barro muy graciosa que nos “prohibía” la utilización del freno. Desde este punto y durante tres kilómetros de ruta circulamos por roderas de más de medio metro de profundidad de barro negro que no permitían ninguna alegría; solamente era un “avanza como puedas”. Increíblemente nadie quedó varado. Lástima.
El tramo final de la ruta fue muy interesante con una bajada de barro con roderas finalizando en una zona destrozada por las roderas de los tractores con una inmensas bañeras de barro y que nos llevó a la entrada del final de ruta previsto en Rueda, cuna de la denominación de origen del afamado vino viéndonos obligados todos a limpiar matrículas y ópticas de los vehículos para poder circular por carretera.
Al final entrega de carnets y camisas a los nuevos socios del Club y el habitual sorteo de regalos de los colaboradores: Ser 4×4 y Ferretería Vaes así como un crianza de Rueda, como no podía ser de otra manera, del año 91 cedido por la Organización; despedida de todos y emplazados ya para la siguiente ruta. ¿Cuándo podemos apuntarnos ?….el comentario más escuchado antes de entrar en los coches.
Nos vemos en tierras abulenses…
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Sumario Mundo 4x4 n. 83