Ruta Guadix 4×4: En busca del “chocolate” perdido
No hay tesoro más preciado para cualquier amante del 4×4, que rodar sobre ese manto marrón, que con un poquito de agua y un poquito de ilusión, se dispone a nuestros pies, diciendo, no cómeme, sino más bien ruédame, y terminar embadurnando nuestras flamantes carrocerías de ese color chocolate, que en esta época tan extraña que vivimos, tan preciado se vuelve.
Por Federico Yannone (Socio Nº 147 Club Agreste 4×4)
Y así iniciamos nuestra ruta granadina por Guadix, y como reza el dicho, “el hombre propone, Dios dispone y en este caso, Andrés, el Gran Jefe de Agreste 4×4, recompone”.
Y arrancamos los quince, casi todo el catálogo de Toyota (HDJ y Land Cruiser 80, 100, 105,90, 95), los dos Jeep, el Discovery, la Navara y el Mitsu, como locos, a recorrer esa bonita comarca de Guadix y el Marquesado.
Con precisión suiza y disciplina alemana, que sólo Andrés es capaz de aplicar y combinar, arrancamos el primer día camino de nuestro destino, el parque Natural de la Sierra de Huetor. Con unas vistas impresionantes de la Sierra Nevada (haciendo honor a su nombre), nos vamos adentrando por el Parque, entre pinares y rocas y coronando alturas de más de 1.600 metros que nos hacen disfrutar de la grandeza de un paisaje y de esa naturaleza que tanto amamos los incondicionales del 4×4. El picnic al mediodía durante la comida bajo un sol de diciembre es el momento ideal para estrechar lazos y volver a la ruta recompuestos y con ganas de seguir disfrutando de las pistas y del paisaje.
No falta la aventura cuando se complica el camino y aparecen ante nosotros unas profundas zanjas que pondrán a prueba nuestra pericia teniendo que hacer inimaginables cruces de puentes para continuar nuestro avance: la caravana se convierte en un ballet, donde al son del terreno, levantamos una rueda, otra rueda y nos quedamos colgando para disfrute de nuestros diferenciales y nuestras reductoras, que sudan tinta. Más de una “transfer” dice “basta, que por ahí no paso”, pero al final, con un empujoncito, todos pasan. Con la reductora engranada acabamos el primer día de travesía y llegamos por carretera al Hotel en Guadix donde pernoctaríamos durante la ruta.
Tras el desayuno, comenzamos nuestro segundo día, ya recuperados de tanta descarga de adrenalina del día anterior, visitando las casa-cuevas de Guadix para después emprender camino del Marquesado y del Parque Natural de Baza. Una visita a las antiguas minas de hierro abandonadas del Marquesado, consiguen teñir de marrón nuestras tapicerías: lo que hasta ahora el inexistente barro había sido incapaz de hacer por fuera, lo había conseguido el polvo de hierro por dentro. Pero como “sarna con gusto no pica (aunque mortifica)”, nos deleitamos haciendo fotos en ese fantasmagórico escenario sacado de una película de Mad Max.
Y desde el mismo pié de la Fortaleza de Calahorra, que se rinde ante nuestra imparable escudería, apreciamos unas impresionantes vistas de toda la comarca que nos está diciendo: “venid y pasead por mis ramblas” y ¿quién se puede resistir a tanta tentación?. Y después de unas cuantas ramblas con abundantes piedras que ponen a prueba nuestras dotes de navegación, y como estamos en tierra de montañas, allá que nos adentramos por unas pistas de las que quitan el hipo por su altitud y estrechez y te hacen recordar “que no hay nada que se agarre más al mundo… que una buena reductora”, sobre todo cuando las altitudes de la ruta llevaban hasta los 1.800 mts y donde solamente los ciervos osaban cruzarse ante las huestes de Agreste. Y despacito, despacito, a descansar un poquito, eso sí ahora poniendo a prueba la imaginación de los peques, que desde luego tienen bastante más imaginación que los mayores o ¿acaso nosotros somos capaces de pintar un dibujo que aúne el espíritu navideño con el espíritu aventurero 4×4? Ellos nos demostraron que sí en el II Certamen de Dibujo Navideño en Ruta donde mayores y pequeños disfrutamos por igual. Ellos fueron algunos de los que más se divirtieron debido al número de participantes de corta edad entre los tres y los dieciocho años (15 en total). Al final, premios para los mejores y a descansar. Habíamos cumplido la mitad del extenso programa que la Organización nos tenía preparado.
Llegó nuestro tercer día, hacia las Cárcavas, Barrancos y Badlands de Gorafe. Y cómo serían de recónditos los parajes (esa es la grandeza del 4×4) que ni muchos lugareños habían llegado hasta allí. E imaginando que en cualquier momento nos iba a aparecer John Wayne subido en su caballo, emprendemos camino por torrenteras, que para nuestra desgracia, no recordaban lo que es la lluvia, para visitar parques megalíticos y aguas termales, humeantes en pleno mes de diciembre, que te invitan a sumergir las heladas manos y sentir el calorcito. Una cenita y unos obsequios de la Organización consistentes en una jarra de barro grabada con la fecha y ruta procedente del taller de alfarería y Museo visitados durante la tarde y un queso de oveja de fabricación artesanal con sorteo incluido de los principales colaboradores (Ser 4×4, Ferretería Vaes y el propio Club)nos hacen trasnochar un poco más de lo que deberíamos, pero merece la pena.
Durante la tarde del segundo y tercer día, una vez finalizada la ruta correspondiente, la Organización había programado las visitas al casco antigüo de Guadix donde pudimos admirar su Catedral, el Mirador de La Magdalena con unas magníficas vistas de la población al atardecer con sus principales monumentos iluminados y otros tesoros escondidos que junto a un rato de relax para los peques (y sus padres) en el tiovivo de la Fería instalada en la Monumental Plaza de la Constitución nos llevaron a coronar unos estupendos recorridos diarios.
El cuarto día, tras subir por unas pistas serpenteantes entre pinares con algún atisbo de nieve en algunas curvas en las laderas más sombrías, llegamos al mirador de Peña Bermeja desde el que disfrutamos de una vista espectacular de toda la comarca. Unas pistas llenas de roderas, que de haber llovido o nevado habrían sido imposibles, nos llevan a un pequeño tramo que Andrés nos preparó “con el corazón”, porque entre otras cosas, era de infarto: una pendiente de subida vertical, un estrecho paso por una cresta entre laderas, para luego caer “en picado”, nos aceleró el pulso y nos hizo bendecir al inventor de las reductoras.
Y al final, aunque no había llovido, y tras mucho buscar, apareció “el chocolate perdido”, ese preciado tesoro que tiñó nuestras flamantes carrocerías de marrón, y pudimos disfrutar un rato, (más aún), de barrizal en barrizal por las ramblas granadinas inundadas de agua en esos tramos y donde finalizaba el recorrido, por fin, con los coches embarrados.
Y según emprendemos el camino a casa, pensamos: “pues no es barro todo lo que reluce”, es suficiente una magnífica organización y unos bellos paisajes para pasarlo genial.
Al final, tristes despedidas pero contentos por los cuatro días de travesía: camaradería y complicidad entre los participantes y los niños; a buen seguro, repetiremos lo antes posible.
[tab: Imágenes]



Sumario Mundo 4x4 n. 83